C/2012 S1 (ISON) fue descubierto el 21 de septiembre de 2012 por astrónomos rusos, empleando un telescopio de la Red Internacional Científica Óptica cuyo acrónimo en inglés dio nombre al cometa. eNSEGUIDA SE GRANJEÓ EL SOBRENOMBRE DE “COMETA DEL SIGLO” Y, aunque al final no consiguió sobrevivir al perihelio, sí que ofreció un emocionante espectáculo final
Deconstruyendo...
El cometa ISON. Crónica de una muerte anunciada
Silbia López de Lacalle
(IAA-CSIC)
Tags: cometa, ISON, perihelio, sungrazer

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¿Por qué "del siglo"?

El cometa ISON ha tenido una vida mediática con altibajos: descubierto el 21 de septiembre de 2012 cuando todavía se hallaba a mayor distancia del Sol que Júpiter, las primeras estimaciones apuntaban a que podría alcanzar un brillo superior al de la luna llena cuando se acercara a su perihelio, o región de la órbita más cercana al Sol (los cometas, pequeños cuerpos sólidos helados, sufren modificaciones dramáticas según se aproximan al Sol y aumenta la temperatura). El entusiasmo corrió por los medios de comunicación y las redes sociales, que se llenaron de titulares sobre "el cometa del siglo".
No obstante, esas estimaciones se revelaron demasiado optimistas y se sustituyen por otras más realistas: su brillo sería, como mucho, similar al de Venus (magnitud menos cuatro) y, como mínimo, suficiente para que pudiéramos verlo a simple vista (magnitud seis).

¿Por qué seguimos observándolo?

Sabíamos que no sería el espectáculo que en un principio se anunció, PERO...
De hecho, había varios “peros”. Para empezar, la evolución de un cometa depende de tantos factores (tamaño del núcleo, composición, órbita, densidad, rotación, número de veces que ha pasado cerca del Sol, etc...), que resulta prácticamente imposible predecir cuánto brillará; el astrónomo David H. Levy lo ilustraba con la frase "los cometas son como los gatos: tienen cola y siempre hacen lo que quieren". ISON podía sorprendernos, de modo que debíamos permanecer atentos.

Imagen de ISON con el telescopio de 1,5 metros del Observatorio de Sierra Nevada (Fernando Moreno y Francisco Pozuelos, IAA-CSIC).

Además, ISON presentaba peculiaridades que lo convertían en un interesante ejemplar: según las estimaciones de su órbita, se trataba de un cometa procedente de la nube de Oort, una burbuja que rodea todo el Sistema Solar y que, se cree, está formada por los restos de la nebulosa que dio lugar al Sol y los planetas hace cuatro mil seiscientos millones de años. La nube de Oort alberga los núcleos cometarios que dan lugar a los cometas de largo periodo y, en este sentido, ISON ofrecía la oportunidad de estudiar un cometa nuevo, recién llegado de los confines del Sistema Solar y, posiblemente, con algunas de las claves físicas y químicas para entender la formación del mismo.
ISON presentaba además otro interesante aliciente: prácticamente rozó el Sol el pasado 28 de noviembre. Durante su perihelio, o punto de la órbita más próximo a nuestra estrella, el cometa se halló a solo 2,7 radios solares (1,8 millones de kilómetros) del Sol y alcanzó temperaturas de unos cinco mil grados, lo que presentaba excitantes posibilidades: podía ocurrir que ISON sufriera, debido al calor, un intenso periodo de actividad derivado no solo de la sublimación del hielo sino también de los silicatos o incluso los metales, lo que liberaría gran cantidad de polvo y aumentaría considerablemente el brillo. Pero también podía ocurrir que, debido a las fuerzas de marea o el calor producido por el Sol, el núcleo de ISON terminara fragmentándose o vaporizándose, como ha ocurrido con más de dos mil cometas incluidos en la categoría de sungrazer comets (cometas que rozan el Sol). Con un núcleo de tamaño de entre uno y cuatro kilómetros, algunas simulaciones sugerían que si ISON mostraba la densidad típica de los cometas sobreviviría el perihelio y brillaría en el cielo con intensidad durante el mes de diciembre. Pero, como buen gato, ISON fue verdaderamente impredecible.

El "cometa de Schrödinger"

Aunque en noviembre la popularidad de ISON había caído, el 14 de noviembre se anunciaba desde el IAA un estallido de actividad y un importante aumento del brillo del cometa, ya visible sin instrumentos ópticos. ISON ofreció un bellísimo espectáculo celeste hasta el 28 de noviembre, fecha en la que se enfrentó a una distancia de menos de dos millones de kilómetros de la superficie del Sol lo que, a escala astronómica, supone prácticamente rozar nuestra estrella.
Ya antes de su máximo acercamiento algunas fuentes afirmaban que el núcleo se había fragmentado (precisamente, durante los días siguientes al primer estallido de actividad, que tuvieron su réplica el 19 de noviembre). La información de una posible ruptura se basaba en la presencia, en una imagen de ISON del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, de lo que se conoce como "alas del cometa", dos estructuras simétricas en forma de arco que emergen de la coma y que en algunos casos se producen por la fragmentación del núcleo. Sin embargo, desde la página de la Campaña de Observación del Cometa ISON de la NASA (CIOC) se advertía de que la propia simetría de las "alas" hacía poco probable que se debieran a una fractura del núcleo, ya que estos eventos suelen ser asimétricos. Además, apuntaban que antes del estallido se habían detectado chorros de gas procedentes del núcleo que podían haber dado lugar a las alas o que estas podrían deberse también a la interacción del cometa con el viento solar.
Observatorios de todo el mundo siguieron la trayectoria de ISON esos críticos días, y las últimas noticias antes del perihelio resultaban desalentadoras, ya que el 25 de noviembre informaban desde Caltech y desde la radioantena IRAM (Granada) de un descenso considerable en la producción de ácido cianhídrico, lo que podía significar que la actividad del núcleo se había detenido o que el núcleo ya no existía. Sin embargo, era pronto para sacar conclusiones y la proximidad del cometa al Sol hacía muy difícil obtener buenas observaciones desde tierra, de modo que astrónomos profesionales y aficionados esperaron a que el cometa entrara en el campo de visión de SOHO, un satélite de observación solar de la NASA.
El 27 de noviembre el coronógrafo LASCO, a bordo de SOHO, enviaba datos que apuntaban a un aumento de brillo de ISON en un factor cuatro (imagen 1), de modo que la emoción resurgió... durante apenas veinticuatro horas. El constante seguimiento de la evolución del cometa por parte de SOHO mostró el 28 de noviembre un significativo descenso de brillo a lo largo de la mañana, y a lo largo de la tarde las imágenes de la misión STEREO (NASA) supusieron un verdadero jarro de agua fría: ISON se había vaporizado por completo (imagen 2).
Sin embargo, el viernes 29 nos despertábamos con una nueva sorpresa del que desde la NASA denominaron "el cometa de Schrödinger", porque ISON ha demostrado una capacidad ilimitada para sorprendernos e incluso para estar vivo y muerto al mismo tiempo. Tras el perihelio, una débil nubecilla (imagen 3) aparecía en las imágenes de LASCO, algo que al parecer es bastante habitual en los sungrazer comets, de modo que nos sentamos a esperar a que se desvaneciera. Pero no lo hizo. Las imágenes de SOHO mostraron un innegable aumento de brillo, y se lanzaron hipótesis sobre una posible supervivencia de parte del núcleo aunque la coma y la cola se hubieran evaporado por completo. Y, nuevamente, llegó la decepción: según se alejaba del Sol, la pequeña nube brillante fue perdiendo intensidad y las hipótesis viraron hacia una pequeña nube de polvo como responsable del brillo y no a un fragmento del núcleo del cometa. El telescopio espacial Hubble confirmó mediados de diciembre que ISON no sobrevivió al perihelio, pero sin duda ofreció un espectáculo emocionante.

 


Sobre el autor:

Silbia López de Lacalle
(IAA-CSIC)

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