Un nuevo tipo de estrella variable
Observaciones del cúmulo NGC 3766 han desvelado la existencia de tipo de estrellas con una variabilidad que no encaja con las estrellas variables catalogadas hoy día


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Susana Martín Ruiz
(IAA-CSIC)
Tags: Estrellas variables, nuevo tipo

Cuando se mide la luz procedente de las estrellas con el fin de buscar variaciones de brillo se pueden obtener resultados inesperados muy interesantes. Para mí, este hecho constituye unos de los principales atractivos al observar el cielo nocturno. Este es el caso de un equipo de astrónomos del Observatorio de Ginebra que, buscando estrellas variables en el cúmulo estelar abierto NGC 3766, se encontraron con una sorpresa. Este cúmulo, formado por estrellas que nacieron hace unos veinte millones de años y que tienen la misma composición química, fue observado durante siete años desde el hemisferio Sur. Para ello utilizaron el telescopio óptico Euler de tan solo 1,2 metros de diámetro situado en el Observatorio de La Silla (Chile). La abundante población de estrellas de este cúmulo les permitió obtener curvas de luz (medidas regulares de brillo) de aproximadamente dos mil quinientas estrellas. Los resultados fueron asombrosos: ciento cincuenta y nueve estrellas resultaron ser estrellas variables periódicas, de las cuales treinta y seis (un 20%) mostraban unas pequeñísimas variaciones regulares en el brillo aparente de la estrella por debajo de las cinco milésimas de magnitud con un periodo entre dos y diecisiete horas. Esta variabilidad no se correspondía con ningún tipo de estrellas variables conocido hasta la fecha.

El cúmulo estelar abierto NGC 3766. Fuente: ESO.

Y esto nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿A qué se debe esta variabilidad? ¿Cómo es posible que no las hayamos observado antes y que, de pronto, nos encontremos tantas estrellas con este comportamiento en un mismo cúmulo?

La variabilidad estelar

Vayamos poco a poco. Los astrónomos clasificamos las estrellas variables en dos grupos bien diferenciados e importantes: el de las variables extrínsecas, cuya variabilidad es debida a causas externas como los eclipses o manchas en su superficie, y el de las variables intrínsecas, cuya variabilidad, como su mismo nombre indica, está causada por fenómenos que ocurren en su interior. En este último grupo encontramos las variables pulsantes, llamadas así porque el radio se expande y se contrae cambiando su brillo aparente con el tiempo. Las variables pulsantes no pulsan de la misma forma, es decir, los periodos y sus amplitudes (diferencias en el brillo) de pulsación no son los mismos ya que el mecanismo responsable que los produce es diferente. Hasta la fecha, se ha descubierto un abanico de estrellas pulsantes donde se combina el periodo de pulsación con el tamaño de la amplitud, además de la temperatura y luminosidad de la estrella. Estas propiedades u observables, que son medidos gracias a nuestros telescopios situados en Tierra o en satélites espaciales, nos permiten realizar modelos teóricos para intentar conocer cómo funciona el interior estelar.

Otros casos documentados

Para detectarlas se necesitan unas medidas fotométricas muy precisas, además de periodos de observación muy largos. Investigando en el pasado, este tipo de variación ya había sido observada en los años 50 en estrellas tan conocidas y brillantes como Maia de Pléyades o la estrella Pherkad (γ) de la Osa Menor. El escaso número de variables detectadas, junto con unos modelos teóricos que no predecían la existencia de pulsación en un determinado rango de temperaturas y luminosidad, no ayudó mucho a continuar investigando. Más tarde, en los 90, la estrella azul HD 121190, clasificada en un principio como una estrella B de pulsación lenta o SPB (Slowing Pulsating B star), que presentaba un periodo corto de unas nueve horas y una variación de su brillo prácticamente indetectable, dio pie a varios trabajos muy interesantes. La explicación más aceptada fue que la pulsación era provocada por la alta rotación de la estrella.
Recientemente, gracias a las misiones espaciales para el estudio de estrellas variables y búsqueda de planetas, CoRoT y Kepler, que proporcionan medidas muy precisas para detectar variaciones muy pequeñas en el brillo de las estrellas, ha aumentado el número de estas variables “raras”, pero no se ha aportado mucha claridad al porqué de su comportamiento. Aunque son muchos aquellos que piensan que la rotación juega un papel esencial en la excitación de la estrella, el origen no pulsante de estas estrellas, por supuesto, no puede descartarse.  Algunas pueden ser binarias de contacto o puede ocurrir que la variabilidad se deba a manchas estelares en la superficie, a pesar de que una de las condiciones para que estas se produzcan es que exista una capa convectiva en la estrella. Pero, independientemente que sean pulsaciones o no, estas estrellas necesitan urgentemente un nombre ya que no encajan en ningún tipo de variables ya conocidas.
Esta noticia me alegra porque muestra que en el campo de la variabilidad estelar no todo está descubierto y que los telescopios pequeños aún siguen teniendo un papel fundamental en la era de los grandes telescopios.


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