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Enrique Pérez Montero

Nacido en Madrid, finalizó sus estudios en Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) en 1997. Obtuvo su doctorado en 2003 con un trabajo titulado "Diagnóstico de galaxias HII en el rojo lejano". Después de tres años como profesor asistente en la UAM, obtuvo una estancia postdoctoral en el Laboratoire d'Astrophysique de Toulouse-Tarbes. Actualmente es investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía en el departamento de Física Extragaláctica.

IIZw70/71

En el departamento de astrofísica extragaláctica del IAA se desarrolla a veces una actividad que roza la estadística pura, a partir del conteo de miles e incluso millones de galaxias, en lugar de la conexión estrecha que puede surgir del estudio más obsesivo de un solo espécimen u objeto. No conviene despreciar dicho tipo de relación más pasional entre el científico y el sujeto de su estudio ya que supone un motor emocional que ha sido la fuente de numerosos descubrimientos en la historia de la ciencia.

Así pues, los científicos extragalácticos disponemos a veces de patrones que nos otorgan el ejemplo clásico de lo que nos gustaría reconocer y caracterizar en una muestra más amplia de objetos en el universo local y en el universo más joven y, por tanto, más lejano. Una de las clases de galaxias que a mí más me interesa son las galaxias enanas con formación estelar.

Estas galaxias se pueden considerar por muchos motivos como auténticos “fósiles vivientes” cuando son descubiertas a distancias relativamente pequeñas de nuestra Vía Láctea, ya que representan un tipo de galaxias que era mucho más frecuente en las primeras etapas del universo. En dicho período, el número relativo de galaxias enanas (hablamos de centenas e incluso miles de veces más pequeñas que nuestra Galaxia) era mucho mayor y con mucha mayor densidad ya que el universo era más pequeño. En estas condiciones las galaxias interaccionaban frecuentemente entre ellas, fusionándose para crear las galaxias más grandes que podemos ver hoy en día. Además, la mayor parte de su masa se encontraba en forma de gas, lo que favorecía la creación de nuevas estrellas, algunas de ellas muy masivas, por lo que eran muy brillantes y azules, ionizando el gas circundante y creando potentes vientos que expulsaban al medio interestelar e intergaláctico nuevos materiales producidos en el interior de las estrellas una vez que explotaban como supernovas.

Uno de los ejemplos más claros y bellos de este tipo de interacción entre dos galaxias enanas que se hallan en pleno proceso de creación de estrellas y que están lo bastante cerca de nosotros como para poder estudiarlas en detalle (a unos seis millones de años luz, el doble de la galaxia de Andrómeda) es el par de galaxias IIZw70/71.

Su nombre se debe a que pertenecen al segundo catálogo de galaxias compactas elaborado por el astrónomo suizo Fritz Zwicky en los años 70. La inte-racción entre estas dos galaxias enanas se sospechaba por su relativa cercanía (una dista 60.000 años luz de la otra, menos que el radio de la Vía Láctea), pero se hizo evidente con la detección de un puente de hidrógeno neutro que las une a partir de observaciones en la banda de radio, como se aprecia en la imagen tomada de un artículo de Cox y colaboradores y editada por Rubén García Benito (IAA). Dicho puente de hidrógeno se ha producido como consecuencia del paso de una de las galaxias cerca de la otra, arrastrando parte de su gas. Este movimiento del gas ha producido un aumento de la tasa de formación estelar en ambas galaxias, aunque de una manera muy diferente.

En IIZw70 la formación estelar se distribuye por toda la galaxia, mientras que en IIZw71 ha producido una de las estructuras más hermosas que pueden ser detectadas en el universo: un anillo polar. Dicho anillo se aprecia mejor en el recuadro de la esquina inferior izquierda, con observaciones en el filtro estrecho de la línea H alfa. Esta línea de emisión es característica del gas ionizado por procesos de formación estelar masiva y, como puede apreciarse, en esta galaxia se distribuye en nodos individuales que pertenecen a un anillo que rota alrededor de la galaxia central, mucho más antigua y sin formación estelar.

Actualmente quedan todavía muchas incógnitas sobre la manera en que estos anillos se forman y cuánto tiempo pueden perdurar, pero los análisis de nuestro grupo sobre el contenido en metales de las dos galaxias prueban que se trata de un anillo con gas procedente de IIZw70, lo que confirma que es un anillo de reciente creación. Otra de las utilidades del estudio de los anillos polares reside en que permiten trazar con precisión la velocidad de rotación de la materia alrededor de la galaxia anfitriona y, por tanto, cuantificar su masa dinámica, es decir, la suma total de la masa de las estrellas, del gas y de la denominada materia oscura, que solo puede ser detectada de esta manera.

Las galaxias con anillo polar que alberga formación estelar, por tanto, han permitido confirmar la existencia de dicha materia, cuya naturaleza sigue siendo uno de los mayores misterios aún velados en nuestro universo.
 

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