El extraño caso de HENRIETTA LEAVITT... Querido diario: Mi nombre es Henrietta Swan Leavitt y pertenezco al harén de Pickering. ¡Oh! Por favor, no lo entiendan mal. El Harén de Pickering... así es como nos llaman al grupo de mujeres que trabajamos para Edward Charles Pickering. ¿Cuál es nuestro trabajo? Somos “computadoras”. Sí, ya sé que no tengo aspecto de computadora, pero permítanme explicarles todo desde el principio.... ... y ERASMUS CEFEIDO “Estimado Erasmus Cefeido: sus consejos me han sido muy valiosos para recuperar a mi prometida...". No me miren así. Como comprenderán, con los 25 centavos a la hora que me paga el Observatorio de Harvard no llego a fin de mes. Necesito algún dinerillo extra. Así que, y esto es un secreto, tengo un consultorio en las páginas del Washington Post. Un consultorio científico, por supuesto... bueno… no, en realidad es un consultorio sentimental, pero yo sé llevarlo a mi terreno. El editor me sugirió que escribiera con seudónimo de hombre… para darle más seriedad. Pero tengo que reconocerles que me encanta, aunque algunas consultas ponen a prueba mis conocimientos sobre el universo…
Deconstruyendo...
El extraño caso de Henrietta Leavitt... y Erasmus Cefeido
Henrietta Swan Leavitt
Observatorio de Harvard
Tags: Henrietta Leavitt, videoblog

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HENRIETTA SWAN LEAVITT

A unas pocas manzanas de aquí se encuentra el Observatorio Astronómico de Harvard, del que el Señor Pickering es director. El observatorio se ha embarcado en el más ambicioso proyecto astronómico que uno pueda imaginar: catalogar la posición, el brillo y el color de todas las estrellas del cielo. Para ello cuenta con dos telescopios, uno aquí, en Harvard, para observar el hemisferio norte, y otro en Arequipa, en Perú, para fotografiar el cielo del hemisferio sur.

Cada día llegan cajas y cajas de placas fotográficas del cielo nocturno. Decenas de miles de estrellas que hay que analizar una por una. Una tarea tediosa e ingrata, pero necesaria para comprender cómo es nuestro universo. Y aquí es donde el Señor Pickering tuvo su genial idea: contratar mujeres.

Así que, día tras día, mis compañeras y yo -el harén de Pickering- pasamos siete horas diarias, seis días a la semana, analizando sistemáticamente placa por placa por un sueldo de 10,50 dólares a la semana. Por eso nos llaman “computadoras” o “calculadoras”.

Pero que conste que no me quejo. Cobramos un sueldo, tenemos un mes de vacaciones, trabajamos en algo que no es limpiar o ser maestra, estamos lo más cerca de universidad de lo que cualquier mujer se atrevería a soñar, y además…hacemos una gran labor por la ciencia... y haríamos mucho más…

...y haríamos mucho más...

…¡¡si este necio se diera cuenta de lo que tiene delante de sus narices!! Si este orangután fuera mínimamente consciente de que aquí, en Harvard, su harén está fraguando la que será la astrofísica de siglo XX. ¡Que si nos dejara libertad para explorar, desarrollar y publicar nuestras propias ideas científicas habríamos avanzado mucho más en nuestro conocimiento del universo! Pero no, para él, como para el resto... “el mejor servicio que podrían prestar las mujeres a la astronomía es la mera acumulación de hechos”.

Por esto he decidido tener mi propio diario donde plasmar en libertad mis inquietudes científicas. Mi compañera Annie Jump Cannon, a la que le encanta todo esto de los ordenadores e internet, me ha dicho que hoy día cualquier diario hay que acompañarlo de un vídeo. Así que aquí estoy. ¡Ah! ¿que cuál ha sido mi contribución a la astronomía? Digamos que he descubierto una regla para medir el universo... pero de esto ya hablaremos.
Se despide atentamente, Henrietta Swan Leavitt.

 

ERASMUS CEFEIDO

¿Cómo de grande es el universo?

“Estimado Erasmus Cefeido:
El pasado día, paseando con mi prometido le pregunté cuán grande era su amor por mí, a lo que él me contestó “mi amor es tan grande como el universo entero”. Desde entonces un duda se ha instalado en mi corazón... ¿cómo de grande es el universo? ¿debo confiar en su amor? Suya atentísima, Duda en Expansión”.

Querida Duda en Expansión. Para la segunda pregunta no tengo respuesta, pero sí en cambio para la primera: el universo es…muy grande, y cada segundo que pasa lo es más porque está en una continua expansión.
[...] Así que, querida “duda en expansión”, imagine una esfera de 46500 millones de años luz de radio alrededor de usted. Ese es el tamaño del amor que dice profesarle su prometido…

Mi novio dice que soy un sol...

“Querido Erasmus Cefeido:
Te escribo porque necesito consejo urgente. Mi novio, tras años de relación, no me pide en matrimonio, a pesar de que siempre es atento, cariñoso y se pasa todo el tiempo diciendo que soy un sol. ¿Tiene miedo al compromiso? ¿debo seguir esperando o debería desistir?

Querida amiga,
Me temo que tu caso no es sencillo. Debes evaluar con especial cuidado en qué faceta del Sol está pensando tu novio cuando te atribuye sus cualidades. ¿Está acaso pensando en el Sol durante su máximo? [...] En ese caso, tu novio te hace un flaco favor con la metáfora, porque piensa que eres eruptiva e imprevisible, y quizá eso le impida dar un paso hacia la estabilidad en vuestra relación.
No obstante, es posible que esté pensado en el Sol como la fuente de luz y calor que ha posibilitado la vida en la tierra, en cuyo caso sin duda tu novio te venera... Pero, ¡ay, amiga! También es posible que tu pretendiente piense en el Sol como una estrella enana de tipo G rica en elementos pesados...
[...] Te aconsejo, querida amiga, que en la siguiente ocasión que tu pretendiente te diga que eres un sol, le exijas que especifique a qué se refiere con ello.

Las estrellas no me son favorables...

“Querido Erasmus Cefeido:
Me dirijo a ti porque las estrellas no me son favorables. Amo a una joven capricornio pero yo, piscis cien por cien, sé que nuestro amor es imposible, que nuestros signos habitan en elementos distintos y estamos destinados a la distancia. Por favor, ¿cómo puedo contrarrestar la influencia de Marte sobre nuestro futuro?

A ver, mozo, que estamos en Babia. Marte influye tanto sobre tu destino como yo misma. Además, ¿qué tipo de fuerza ejercen los astros sobre nosotros: gravitatoria, electromagnética, o cuál? Y te advierto que la magia no me sirve...

 

PRÓXIMAMENTE EN http://www.iaa.es

 


Sobre el autor:

Henrietta Swan Leavitt
Observatorio de Harvard

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